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El Papa conmemorará la Pasión y presidirá el Vía Crucis en el Coliseo

CIUDAD DEL VATICANO.- El Papa Francisco continuará este viernes con el rito de Semana Santa y celebrará el día de la Pasión en la Basílica de San Pedro del Vaticano.
Lo hará algunas horas antes de presidir, desde la colina del Palatino, el Vía Crucis en el Coliseo romano, que fue instaurado en 1741 por el Papa Benedicto XIV y, tras décadas de olvido, volvió a celebrarse en 1925.
Discurre por el interior del Coliseo -el famoso anfiteatro Flavio, que recuerda los sufrimientos de los primeros cristianos-, continúa por delante del Arco de Trajano y concluye en la colina del Palatino.
De esta manera, el pontífice argentino recordará con el resto de fieles que estén en la capital italiana las diferentes etapas o momentos vividos por Jesús desde el momento en que fue aprehendido hasta su crucifixión y sepultura.
Este Vía Crucis precederá al Sábado Santo, día en el que Jorge Bergoglio dará inicio a la Vigilia Pascual en la basílica de San Pedro. Finalmente, el Domingo de Pascua, el Papa Francisco oficiará una misa e impartirá la bendición Urbi et Orbi (“A la ciudad y al mundo”) desde el balcón de la Basílica de San Pedro.
Ayer, jueves, Francisco conmemoró la Última Cena de Jesús con los doce apóstoles con una misa celebrada en una iglesia de Roma y lavó los pies a doce detenidos, como también hiciera Cristo con sus discípulos.
Los doce reclusos a los que el pontífice argentino lavó los pies fueron seis hombres y seis mujeres que cumplen condena por distintos delitos en una cárcel de la zona romana de Rebibbia. Entre los elegidos, hubo latinoamericanos procedentes de Ecuador y de Brasil, pero también de Italia, Nigeria y Congo. Todos ellos vivieron el momento en el que el Papa les lavó los pies con emoción e incluso algunos dejaron caer algunas lágrimas.
Quizá por la impresión de encontrarse de frente al Papa, tal vez por contagiarse de la ternura con la que el Pontífice les lavó y les besó sus pies, o por la sonrisa que Jorge Bergoglio les regaló a cada uno tras secarles el agua con una toalla blanca.
De los 2.100 presos con los que cuenta la cárcel de Rebibbia, en el acto solo estuvieron presentes 300, el mismo número de hombres que de mujeres.
“Lavaré los pies de doce de ustedes, pero en estos hermanos y hermanas están todos los que viven aquí (en la cárcel de Rebibbia)”, afirmó el pontífice.
Uno de los momentos más conmovedores de la ceremonia fue cuando el Papa Francisco se dirigió a una de las reclusas que participaban en el rito para lavar los pies a su bebé, que se encontraba sentado en sus rodillas. Lo hizo sin su solideo habitual y después de pedir a los presentes que rezaran para que Jesús lave también su alma y le “convierta en más esclavo en servicio de la gente”.
El Papa conmemorará la Pasión y presidirá el Vía Crucis en el ColiseoPero antes, celebró la misa de “In Coena Domini” (“La Cena del Señor”) de Jueves Santo que rememora la Última Cena y la oración de Cristo en el huerto de Getsemaní, que estuvo sucedida por su arresto y posterior calvario.
En su discurso, el pontífice argentino recordó que “el amor de Jesús no tiene límites” porque “no se cansa de amar, de perdonar, de abrazarnos” y subrayó que limpió los pies a sus discípulos en un gesto de humildad.
“Los discípulos de Jesús no entendían que quisiera lavarles los pies. La gente, cuando llegaba a sus casas, tenía los pies sucios por el polvo del camino y a la entrada se lavaban los pies. Esto no lo hacía el dueño de la casa, sino que era una labor de esclavos”, dijo el Papa.
“En nuestro corazón debemos tener la certeza, la seguridad de que el Señor, cuando nos lava los pies, nos lava todo, purifica todo”, agregó.
El Papa Francisco llegó a la cárcel de Rebibbia hacia las 17.30 hora local (15.30 GMT) y fue recibido con aplausos y gritos de cientos de reclusos que intentaron acercarse a Francisco para recibir un beso y su bendición.
También en el interior de la iglesia se notó el entusiasmo de los presentes e incluso hubo un momento en el que los agentes que acompañan y protegen al papa tuvieron que actuar y despejar la marea de personas que le rodeaban, deseosos de besar su mano.
Al término del acto, que duró cerca de hora y media, el Papa Francisco fue despedido con abrazos, besos y gritos de aquellos que no dejaron de corear su nombre.