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Articulo De Rafael Nuñez: Leonel estaba tranquilo

Si había algún plan futuro en la mente del expresidente Leonel Fernández cuando descendió las escalinatas del Palacio Nacional, fue dedicarle tiempo completo a la Fundación Global Democracia y Desarrollo (FUNGLODE), entidad que juega un rol de vanguardia en el debate de las ideas y en la formación y adiestramiento del recurso humano necesario para que la República Dominicana avance.
Para quienes le adversan políticamente, incluidos aquellos parapetados en la misma trinchera, el plan era otro: iniciar una campaña negativa sin precedentes, que no sólo llevara el “desazón” hasta las mismas puertas de FUNGLODE, sino que la estrategia de comunicación terminara sepultando políticamente al presidente del Partido de la Liberación Dominicana (PLD).
En principio, el plan no fue tan evidente, pero el ruido callejero de grupúsculos anticipó los planes perversos, y desveló a sus maquinadores. Después de aquel discurso ante el país para dar su versión acerca del déficit fiscal, Fernández volvió a lo que fue siempre su objetivo: dedicarse a lo que ha sido su segunda ocupación después de la política: fortalecer y desarrollar el espacio de pensamiento que fundó desde el año 2001, que ha graduado una cantidad apreciable de jóvenes y adultos mayores en carreras de post grado.
Leonel Fernández, pues, estaba tranquilo en la entidad que forjó, dedicado al crecimiento de ella hasta que sus contrarios políticos, inconformes con su fracaso de borrarlo del mapa, llevaron sus planes más lejos: hacerle de cómplices de un guión en el que se le involucra con un narcotraficante que fue apresado y deportado a los Estados Unidos por su propio gobierno.
La campaña rastrera de quienes mueven, con ideas y recursos, el plan contra el presidente del PLD tiene unos beneficiarios inmediatos. En criminología sólo basta con preguntar a quién beneficia el crimen.
Quienes maquinaron esos propósitos y aquellos que por omisión se hicieron coautores de ellos, olvidaron que destruir y borrar del escenario político a un líder de la dimensión de Fernández, no es pan comido. Un hombre que ha sido presidente de la República en tres ocasiones, que tiene influencia en la sociedad, y que extendió la mano a empresarios, industriales, comerciantes, amas de casa, limpiabotas, estudiantes, profesionales y todo tipo de gente, no es fácil eliminarlo, que ha sido la intención.
Los traidores e ingratos no tienen la gallardía suficiente para llevarlo a la lona y lograr su objetivo. Leonel Fernández cuenta con un ejército de hombres y mujeres dispuestos a echar el pleito en cualquier escenario, con la prudencia que impongan las circunstancias y con el tacto de preservar el instrumento político legado por el profesor Juan Bosch.
Su bonhomía, el buen talante, su espíritu conciliador y la nobleza que le caracteriza terminaron convenciendo a sus contrarios de que él, luego de azotada su reputación, no sería capaz de defender con gallardía sus derechos y principios, ganados en buena lid en el ejercicio del poder, sin ofender y sin usarlo contra nadie, mucho menos en la ingrata tarea de sembrar odio.
Al presidente del PLD se le ha zarandeado con el fin de relegarlo al zafacón de la historia. Por principio, por dignidad y por decoro, Leonel Fernández tiene que seguir de pie, como los buenos gladiadores. Quienes se convidaron, maquinaron y actuaron creyendo que se trataba de darle un paño con pasta a un calzado, se equivocaron.
Ciertamente que cada simpatizante, cada miembro, cada dirigente y cada integrante del Comité Político está en la obligación de preservar la unidad, pero ella no puede ser en base al descrédito ni de Leonel ni de Danilo, mucho menos del primero, que ha sido el arquitecto de las victorias electorales del PLD.
Leonel Fernández tiene el derecho constitucional y estatutario de optar por la candidatura presidencial del PLD, como tienen otros aspirantes. La Constitución de la República y las leyes no lo limitan, tampoco el solo hecho de aspirar le coloca en una postura de desafío a nadie. Por el contrario, si no se defiende de la campaña ruin de sus viejos o nuevos adversarios, quienes le hemos acompañado por más de dos décadas en sus pasos políticos, estaríamos muy desanimados si no actuara conforme al desafío.
Después de tener como aval político el haber propiciado la reforma constitucional más consultada, debatida, promovida y más completa de la historia republicana, ¿puede la dirección política del PLD echar ese logro por la borda? Hacer una reforma constitucional con el único objeto de favorecer a uno de los suyos es una corona que sólo la ha ganado Hipólito Mejía cuando era líder del PRD.
No es oponerse a la reelección por deporte, sino porque el partido oficial comenzaría a trillar un camino negativo, de conflictos y traumas nunca vistos, que semejará al PRD traspasando a la sociedad su estrés.
Proceder como Mejía, no sería propio de un discípulo aventajado de Bosch, y mucho menos de un político con sentido de la historia, que no se deja marear por el inmediatismo. El presidente Medina ha trabajado para trascender la coyuntura, y así deben entenderlo sus colaboradores. Entre los peledeístas no se le puede dar vuelta al odio, como enseñó Juan Bosch. Todos sus miembros, los pre candidatos, el presidente de la República, Danilo Medina, y Leonel Fernández son vitales para la continuidad del proyecto de país que impulsa el Partido de la Liberación Dominicana.